Quizás nunca has oido hablar de quiromancia ni conozcas su historia, pero si piensas en la lectura de la mano vendrá a ti la imagen de una gitana que con su arte zalamero te llama: “Oye muchacha, ¿Quieres saber la buenaventura? Déjame leer tu mano. Hay hija, aquí veo un fuerte amor”. Y es que la lectura de las manos forma parte de la magia gitana junto a los hechizos, las tiradas de cartas españolas de Tarot, los rituales gitanos, la lectura de la bola de cristal y otras artes adivinatorias. Zíngaros, gitanos, romanís, bohemios, muchos nombres para el pueblo que lleva siglos siendo depositario de la tradición de la lectura de las líneas de las manos. Han cambiado los tiempos y ya no viajan en sus grandes carros de madera, pero continúan siendo ellas, las gitanas, las que guardan y transmiten los secretos de su magia con la misma fuerza y pasión que antaño.Mas el arte de leer las manos para comprender el pasado, presente y futuro del hombres no nació con el pueblo gitano sino que es mucho más antiguo. Tan antiguo que hay investigadores que postulan que la lectura de manos debió nacer cuando los hombres empezaron a dejar las marcas de pinturas rupestres en el fondo de esta caverna, antes que el lenguaje escrito y la misma historia, o junto con los primeros vestigios de las astrología antigua. Lo que es irrefutable es que hubo un tiempo en que la quiromancia y otras artes psíquicas gozaron de alta estima tanto en Oriente como en Occidente, esta era una disciplina que era usada abiertamente y no tenía ningún tipo de connotación oscurantista. La Grecia Clásica fue una de las sociedades donde los quirománticos eran apreciados y los filósofos difundían la lectura de la mano, el estudio de sus montes y las líneas que surcaban la mano era considerado una ciencia. El mismo Aristóteles escribió la obra Chiromantia que es la más antigua de las obras escritas en occidente que nos llegan hasta la actualidad aunque es conocido que en Egipto, Mesopotamia, India y China tenían amplios conocimientos sobre astrología y quiromancia.
La era oscurantista se inició en el año 315 después de cristo con la prohibición papal de realizar las lecturas de la mano, pues se consideraba que este arte era de origen pagano y por lo tanto no tenía cabida dentro de la fe cristiana. A partir de este momento se inició la ocultación por parte de la población de este arte que era considerado herejía, y paso a convertirse gradualmente en una ciencia oculta que era denigrada por la iglesia. Durante siglos la lectura de la mano, la wicca, astrología, astronomía, la herbología y otras ciencias naturales fueron victimas del extremismo religioso y acabaron refugiadas en la clandestinidad y en los pueblos nómadas de los gitanos y zíngaros.
Los gitanos y otros viajeros desarrollaron el antiguo arte de la quiromancia y la cartomancia, y viajando de pueblo en pueblo, y aunque se expandieron rápidamente con sus carros a lo largo de toda Europa también fueron victimas de la persecución de la iglesia y la nobleza. Durante este tiempo el pueblo gitano desarrollo esta ciencia de acuerdo a su carácter alegre y su cultura, y la antigua quiromancia se volvió secreta. Junto a los verdaderos quirománticos que habían aprendido este arte de forma tradicional o aquellos que tenían un don natural, aparecieron grandes embaucadores, charlatanes sin miramientos y personas perspicaces con gran empatía. Estos últimos no eran videntes sino que improvisaban sus predicciones sobre el futuro en función a lo que observaban en el presente y el consultante les explicaba de su pasado. Con el fin de la edad media y el declive del poder absoluto de la iglesia romana, empezaron a resurgir lentamente desde finales siglo XV la alquimia, el Tarot, la quiromancia y otras artes esotéricas.
Durante el renacimiento la ciencia resurgió y se volvió a interesar por el conocimiento que pudiera estar escrito en las manos, y se editaron nuevos libros y tratados. Las grandes personalidades se rodearon por personas que fueran capaces de aconsejarles y predecir el futuro, y en el caso de la quiromancia fue la corte francesa la que puso de moda y en boca de todos, su práctica. Lentamente empiezan a divulgarse los primeros textos modernos de quiromancia y lentamente este arte vuelve captar el interés de los eruditos, sobretodo en los círculos místicos y ocultistas. También trataron el tema y escribieron sobre él los grandes ocultistas como Paracelso y Cornelius Agrippa; y el mismo Napoleón fue aconsejado en varias ocasiones por la famosa quiromántica, Marie Anne Lenormand.
Con el creciente racionalismo de la ciencia la quiromancia llegó a dividirse en dos ramas, una de las cuales se enfocó al estudio de la mano desde un punto científico y objetivo, rama de la que nació el interés en las huellas dactilares para la identificación de las personas. La otra rama continuó transmitiendo la tradición antigua y se dedicó a la lectura de la personalidad y la adivinación del destino. Hoy este arte continua siendo estudiado diligentemente por pocos y no es fácil encontrar un verdadero quiromántico que además de conocer la lectura tradicional de las líneas de la mano física pueda ver más allá percibiendo las sutiles energías y aconsejarnos sobre el mejor modo de solucionar un problema o enfocar la vida.